Follando por necesidad de un soplo de placer...

Si hay algo que siempre me ha excitado como un loco es ver a mi mujer correrse en mi boca.

Digamos de entrada que le gusta tragar. Desde las primeras veces no tuvo ningún problema. Luego, con el tiempo, se convirtió en un verdadero placer hacerlo.

En una ocasión, cuando íbamos a un club privado, la llamaban "la señora de la capilla" porque era conocida su predilección por las capillas grandes y con forma de seta.

No pudo resistirse a una polla con una gran cabeza. Cuando estaba bien excitada, aunque antes había dicho que no le gustaba nada el tipo cuando lo veía, si le presentaba una hermosa cabeza, se pegaba a ella como una bomba.

Un espectáculo, verla con una polla en la boca. Nunca fue una tragona profunda, pero lo compensaba con un trabajo continuo de la lengua, alrededor, en el filete, en el agujero, de ahí lo de "cappellara", y una potente succión.

Cualquiera que haya experimentado el orgasmo prostático por succión sabe de lo que estoy hablando. Te vacía como hacen en webs como https://es.ilove.porn/. Es una contracción continua y el orgasmo es muy potente, y también la cantidad de esperma que emites es mayor.

Eso le dio mucha satisfacción. Apenas lograba tragarlo todo sin separar los labios de la cabeza.

Pero había un chico, Nino, que tenía un pene no demasiado largo, pero sí grande. Un tronco del tamaño de una lata de Coca-Cola. Un poco más largo. Le costaba mantenerlo en la boca durante mucho tiempo, porque la obligaba a mantener la boca muy abierta y sus articulaciones se resentían.

Tuvo la mayor corrida que he visto nunca. La primera corrida, quiero decir. Entonces era normal.
Pero la primera se hizo eterna. Fueron 12-13 chorros, todos ellos abundantes.

A mí, que casi siempre me habían dicho "me has inundado" "me estabas ahogando" "me has duchado", siempre me paraba con 6-8 contracciones, y luego con unas gotas.

Creo que tenía el doble que yo.

Su esposa también vino en abundancia. Eran una pareja que veíamos a menudo.

Nos gustaba el juego húmedo. Y la esposa, Paula, era una delicia para lamer. Empezaba a emitir pequeñas gotas blanquecinas, llenaba tu boca si estaba encima.
La primera vez pensé que había hecho algo con su marido y me estaba dando lo que él le había dejado.
Estaba un poco desconcertado, porque no podía explicar dónde y cuándo, ya que habíamos estado juntos toda la noche en la cena. Pero en la duda seguí lamiendo. Y siguió rociando.
Entonces me di cuenta de que ella era así. Nunca he visto a una mujer mojarse tanto.

Y su marido se corría como un caballo.

La primera vez, con mi señora, la tomó al estilo perrito. Incluso intentó metérsela en el culo, pero con ese diámetro no podía, necesitaba preparación. Se contentó con follársela bien y se corrió en su espalda.

Me fascinó la cantidad de esperma.

Me estaba cogiendo a Paula en la misma posición. También me corrí así mientras lamía el semen de su marido, que goteaba sobre las nalgas de mi mujer.

Más tarde, esa misma noche, continuamos con nuestros juegos y Nino se corrió en la boca de mi mujer mientras yo me la follaba. Pero lo dijo porque ella ni siquiera se dio cuenta. Como dije, la segunda corrida no tuvo nada que ver con la primera.

Nos llevábamos bien y hubo un periodo en el que salíamos juntos los fines de semana. Cenas, clubes, y luego a nuestra casa, o a la suya, para follar toda la noche.

Estaba obsesionado con ver esa mega corrida en la boca de L.
Alabé sus habilidades con la lengua.

Le había dicho que se corría mucho, pero no podía imaginar cuánto, habiéndola tomado de espaldas y de culo. Así que después de más sexo, llegó el momento en que ella dijo "relájate, te voy a atender...".

Me estaba follando a Paula al estilo perrito, mientras ella besaba a su marido y L. entre sus muslos, trabajando en la gran polla, masajeando sus pelotas.

Sabía que estaba disfrutando mucho, ese tronquito de felicidad, y sabía que cuando sentía que se iba a correr, se metía un dedo en el culo, empujándolo hacia arriba, buscando su próstata.

Y así lo hizo, y empezó a temblar y a ponerse rígido, y casi inmediatamente empezó a correrse.

Podía ver la base de su polla retorciéndose y sabía que cada contracción era un chorro de semen. A la quinta contracción parpadeó y sus mejillas se hincharon, un par más y explotó. No podía tragar, tenía la boca muy abierta y ya no podía mantener toda esa crema en la boca. Expulsó una bocanada de semen de sus labios, tosió, con el semen goteando de su nariz, y siguió salpicando su cara, cubriéndola de crema blanca.

Un espectáculo embriagador, en el que incluso años después sigo pensando y masturbándome.

Inundé el acogedor coño de Paula, que aunque acostumbrada al calibre y la boca de riego de su marido, me apretó y chupó con sus músculos pélvicos.

Entonces aprendió a manejarlo. Era imposible tragarlo todo mientras mantenía su boca en la gran polla.

Las mujeres intercambiaron opiniones sobre cómo hacerlo, pero ni siquiera la esposa pudo hacerlo.

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